viernes, 30 de noviembre de 2012

¿Novio? ¿Qué es eso? ¿Se come?


Todas las chicas que tienen cabello largo tienen novio, haha qué chiste, igual que el “seguro que te dejas crecer el cabello por ese chico, ya que su tipo de chica es con cabello largo”. Las personas que dicen eso se merecen un sillazo en la cara. Primero, conseguir novio no es tan fácil como te lo pintan los cómics shôjo y las series, en los que hasta la pardilla rata de biblioteca a la que se le caen las cosas siempre y lleva la falda por los tobillos consigue ligar, esa “chica de shôjo” consigue ligar y tú no, ¿qué es lo que pasa? Te miras al espejo y te preguntas “¿qué es lo que me falta?” El año se acaba y la cuenta atrás amenaza con finalizar, lo único que te va a quedar en recuerdo de este año es el amargo sabor del turrón caducado que por error tu abuela coló en la cena de Navidad. Ya es cuando te planteas si vas a tener pareja para San Valentín y comienzas a odiar la fecha porque temes pasarlo sola. Piensas que debes bajar el listón, eres muy exigente y deberías primero buscar a alguien más sencillo que tu complejo tipo de hombre, pero ¿y si no encajas con alguien sencillo? ¿Y si necesitas a alguien complicado? Aspiras a salir con alguien como ese chico de 2º año de Bachillerato de Letras que es alto, de cabello castaño y con melenita, guapo y delgadito pero en forma, aparentemente inteligente y maduro. Pero claro, también te has fijado en otro, y no sabes a quién elegir. Ambos son totalmente opuestos, pero siguen siendo igual de complejos. Sabes que tendrías más posibilidades con el otro chico, pero hay obstáculos, bastantes obstáculos. Con tu otro “príncipe” no sabes si tendrías tantos, pero si tienes probablemente serían menos. Qué complicado todo, ¿eh? Meditas sobre la situación y prefieres dejar las cosas como están, no involucrarte demasiado no vaya a ser que la cagues, pero también sabes que si no te involucras en el tema nada ocurrirá, sin embargo te decantas por lo primero. Y así, a lo tonto, Feliz Año Nuevo, moza, te has pasado pensando y sin actuar demasiado tiempo.

domingo, 18 de noviembre de 2012

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Supongo que te preguntarás qué tal estoy. Estoy bien, aunque no lo parezca. Cada día te echo más de menos y  por mucho que lo desee no puedo volver al pasado para verte de nuevo. Dicen que el pasado no puede editarse, dicen que lo que hay que hacer es aceptarlo, pero a mí me gustaría editarlo. Si pudiera volver a esa noche, si pudiera hacer algo para que no ocurriese... No me importa el precio que deba pagar, simplemente quiero volver a estar contigo, que volvamos ser lo que un día fuimos y llamar las cosas por su nombre. Últimamente siento que ya nada me importa, porque lo que más me importaba eras tú y te perdí.¿Sabes? Me es difícil querer a las personas, nadie me contó que después de esa noche esto me ocurriría, cuando lo pierdes todo cambias, y tú eras mi todo. Me he vuelto distante, callada, solitaria; lo que antes no era. Recuerdo ese día como si fuera ayer, recuerdo esa semana como si acabara de finalizar. Aquellas palabras que pronunció la doctora hicieron que mi mundo se desplomase, para mí ese día fue el fin del  mundo. Todo ha sido demasiado rápido. ¿Cómo quieres que lo acepte? Nunca aceptaré el pasado por mucho que quiera. Pensar en que sólo tengo dieciséis años y que me queda una larga vida sin ti hace que me  desplome, últimamente me entra bastante la bajona por eso. No sé que va a ser de mi vida, ¿quién cuidará ahora de este voluble ser? ¿Quién le hará confiar? ¿Quién le enseñará a querer?

Doy la vida por ti, aunque no te conozca, perteneces a mi patria.



"Yo era lo que nadie más quería ser
Yo fui donde nadie más quería ir
Yo terminé lo que nadie más quería empezar
Yo nunca pedí algo a los que nunca dan nada
Yo miré al terror a la cara
Yo sentí el escalofrío del temor
Yo me regocijé en momentos de amor
Yo lloré, sufrí y tuve esperanza
Pero sobre todo:
Viví esos momentos que otros dicen que es mejor olvidar.
Cuando llegue mi hora
Yo podré decir a lo demás que estoy orgulloso de ser lo que he sido;
un soldado"






Crónicas sobre unas galletas de canela y vainilla.



Hace unas semanas hice mis primeras galletas, no quedaron como esperaba pero a ellos les gustaron. Aparentemente tenían buena pinta, las mordías y te dejabas los dientes, así que había que morderlas de lado; con las muelas. De sabor estaban ricas, de hecho uno de los que comía galletas me puso un 7 de nota ya que el sabor era bueno. Había cuatro tipos de galleta: Una cruz, una luna, los pececitos y las galletas redondas. Las últimas las hice por comodidad. Comencé con la masa a las 16:53 y terminé de hornearlas y separarlas en tuppers a las 19:00 pm. ¿Por qué tardé tanto? Porque no tengo moldes e hice las formas de las galletas con un cuchillo muy afilado. Que se note que estoy en el bachillerato de artes plásticas, eh. Las galletas redondas fueron más fáciles de hacer, pero no os voy a contar mi secreto—hohohohohoho— bueno, en verdad las hice con algo que podría catalogarse como molde auxiliar, ¿sabéis estos vasitos de cristal de los yogures de La Lechera? Pues es una buena manera para hacer galletitas redondas. Os preguntaréis ¿por qué una cruz, una luna, los pececitos y las galletas redondas? Bueno, lo más probable es que no te lo preguntes, pero me hacía ilusión escribirlo. La cruz y la luna eran para dos personas (también cogieron de las redondas, si mal no recuerdo), las galletitas redondas las hice para quien quisiera coger,  y luego  los pececitos eran por una promesa y es una historia muy larga. La segunda vez que hice galletas salieron mejor, una moza llamada Marina –a la que le di la galleta en forma de luna— me dijo que echase aceite y leche a la masa –en la receta no me decía nada—, y lo eché, quedé bastante contenta con el resultado ya que no estaban tan duras. Volví a hacer las galletitas en forma de pescado y las redondas. Las hice el miércoles de huelga, me encontraba mal y me quedé hasta las 17:00 pm en cama, luego me  levanté asqueada de estar encerrada y como ni me apetecía conectarme ni leer me puse a hacer las galletas. El día anterior Dan –quien me puso un 7— me preguntó “¿Cuándo vas a volver a hacer galletas? ¿La próxima semana, dentro de tres días, mañana, hoy…?” y le dije que a lo mejor hacía –“a lo mejor” porque pensé que no había azúcar o huevos en la nevera—. Al llegar a casa miré la nevera y abrí el armario donde está el azúcar, como había me propuse hacerlas el miércoles. Bueno, a lo que iba, cada vez que haga galletas para llevar al instituto haré en forma de pescado para Dan y quien quiera pedirme formas que me las pida, que es muy divertido hacerlas. Hasta la próxima crónica sobre galletitas, ya os contaré cómo han quedado, espero ir mejorando con el tiempo~

viernes, 16 de noviembre de 2012

5 kg de mazapán para olvidar.

Sócrates podía dormir con los jóvenes más guapos y prometedores de Grecia,
 ¿por qué yo no?

Mierda, el recreo se acaba y tienes que volver a clase. El problema es que tienes 15 minutos de descanso y tú eres tan gilipollas como para bajar al Mc Donald's que está en el culo del mundo, claro está que 10 de esos 15 minutos los pierdes bajando, cinco para pedir y otros diez para subir; ya  llegas tarde a clase. Subes agotado la gran cuesta mientras buscas el horario, pero claro, saliste con tanta prisa de casa que olvidaste la carpeta... sorpresa sorpresa, ¿qué asignatura es a la que llegas tarde? Entras corriendo por la puerta del edificio y buscas tu clase con la mirada, ves las luces encendidas "habrá alguien" y abres la puerta. "¿Se puede?" Preguntas, el profesor te mira de arriba a abajo y va a quitarte la falta de su cuaderno. Te sientas al lado de tus amigos y te fijas en el anillo de matrimonio que tiene tu profesor, es cuando piensas "¿ESTÁ CASADO?" pero te tranquiliza la siguiente frase "Si él pudo, yo también". La triste historia es que hace ocho meses que cortaste con tu pareja y nadie ha aparecido en tu vida en todo este tiempo, sólo te agregaban al Tuenti chonis que querían "conoserte y kedar". Pasa el tiempo y tú sigues con el pensamiento de "si ese profesor pudo, yo también" pero ves que no conoces a nadie que pueda llegar a ser especial, o eso o: a) Tiene novio/a b) Es homosexual (o heterosexual en los casos de los homosexuales que se fijan en heterosexuales). Es entonces cuando te entra la bajona, vas a morir solo y con la única compañía de una treintena de gatos, ¿quién va a hacerte la cena? Encenderás la tele aunque no quieras verla, sólo para escuchar una voz que haga amena tu solitaria vida, comerás turrones en soledad y no tendrás una mano amiga que agarrar en tu últimos momentos. Levantas la vista y ves que un chico/a te ha sonreído, te replanteas lo anterior, piensas que podrías llegar a ser feliz algún día, pero... ¿qué es la felicidad? Agachas la cabeza y vuelves a pensar que tu vida es una mierda y que sólo te apetece pegarte un atracón de dulces para  olvidar las penas.

miércoles, 14 de noviembre de 2012

La cosa va de gatos.


Cada vez que veo a un gatito callejero me dan ganas de llevármelo a casa. Me da pena pensar que están solos y que nadie les cuida, que se tienen que buscar la vida y comer de lo poco que encuentran o que les dan. Todos  necesitamos a alguien que nos cuide, sé que puedes vivir solo, pero todos merecemos y ansiamos cariño ¿no?

Hola moza, ¿te apetezco? Tengo tierras y ganado.



De pequeñas todas queremos ser princesas, llevar vestidos bonitos y tener por marido a un apuesto príncipe de metro ochenta, rubio y de ojos azules. No ha cambiado tanto, te estás haciendo mayor y aún deseas ser una princesa, ya que quieres que te traten bien, sigues queriendo llevar vestidos bonitos y sigues deseando un chico alto y guapo como novio. Cuando entras en la adolescencia te das cuenta de  lo de ser princesa no es tan fácil y lo que en la calle se entiende por princesa no es lo que tu entendías de pequeña. “Don Enrique es abogado y su mujer una princesa” de pequeña te podrías imaginar a un hombre trajeado con maletín y a su hermosa esposa con una tiara de diamantes en la cabeza, ahora piensas que Don Enrique es un pobre desgraciado, bajito y con alopecia que está casado con una mujer con muchos diamantes y que tiene la piel más dura que la antagonista de Catwoman de la película de Halle Berry (si recordáis bien, tenía la piel dura por las cremas). ¿Sigues queriendo ser una princesa? Entrando en términos de realeza tampoco te gustaría ser una, ¿llevas toda tu vida mascando el chicle con la boca abierta y vas a respetar el protocolo? No puedo decir nada de los vestidos bonitos porque eso ya entra en los gustos de cada una, a ti te puede parecer bonito un vestido de Balmain y a la otra uno del Freshca a.k.a Bershka. Pasemos al prototipo de príncipe azul, aunque nunca he entendido eso de “azul”, de hecho conozco la expresión por la canción de La Bella Durmiente “Eres tú el príncipe azul que yo soñé” si mi memoria no me falla, decía eso. Prescindamos de la extravagancia del príncipe azul y vayamos directos al grano: No existe tal hombre en la faz de la Tierra. El príncipe azul de Aurora no fue tan caballeresco en la vida real como en el cuento de Disney, no os destripo la historia por si os interesa buscarla en Google. Por no mencionar que el metro ochenta de tío bueno, rubio y de ojos azules sólo lo vas a encontrar en el extranjero, cariño, esto es España. Como en cualquier lugar hay gente fea, normal (o del montón), guapa y modelos. Sí, modelos es otra categoría, porque yo no veo gente con esos rasgos por la calle, ¿dónde os escondéis?...
Yo me incluyo en ese montón de niñas que deseaban un príncipe como el de Aurora o el de Blancanieves, pero a medida que creces tus gustos van cambiando… hasta que dejas de darle importancia a todo. Muchas veces me han preguntado por mi “prototipo de hombre”, ¿pero qué voy a decir? Guapo, inteligente, con trabajo, con estudios, amable, divertido y todos los adjetivos buenos que le puedas echar… Eso solo existe en la IMAGINACIÓN o en los libros. Hasta hace poco tenía un “prototipo” pero hubo un día en el que todo dejó de importarme. +¿Qué tipo de té prefieres?, verde, negro, blanco, rojo… Me da igual. à Esa expresión se ha convertido en una especie de comodín “me da igual”. Antes, cuando me preguntaban por mi tipo de hombre, podía decir muchas cosas, ahora es simplemente “que no sea ni más flaco ni más bajo que yo”, ya que en eso es en lo primero que me fijo, luego hay otros factores, como el rostro; si me parece guapo o no, seguido de unas cuantas cosillas que querría saber sobre él: si fuma, qué aspiraciones tiene, qué ha estudiado... lo típico. Cierto es que siempre me he sentido más a gusto con lo que tienden a ser un poco  tímidos, pero ese es otro tema. El caso, cuando pasas la infancia y llegas a ser un adulto te das cuenta de que ese jardín de inocencia que Disney había creado para ti es una basura, mentiras disfrazadas con vestiditos pomposos y voces angelicales. Recuerdo que hace un año en clase de Lengua y Literatura estábamos hablando sobre los cuentos de la Edad Media y surgió el tema de Disney. Recuerdo, como si fuera ayer, cuando mi ex profesora de Lengua nos contó las verdaderas historias de los magníficos, pastelosos y perfectos cuentos de Disney. Es cuando pasas la ESO, cuando en Historia has estudiado cuál era la situación de la mujer en la Edad Media y sabes las verdaderas vidas que tuvieron esas princesas que cuando te leían los cuentos de pequeña comían perdices al final del cuento, es ahí cuando te planteas de nuevo el deseo de querer ser una princesa. ¿Y si tu padre, el rey, te hubiera casado con un desgraciado como lo eran los infantes de Carrión, que abandonaron a sus esposas, las desnudaron, les dieron una paliza y las dejaron atadas en un árbol en pleno invierno? ¿De verdad quieres seguir siendo una princesa?