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martes, 11 de diciembre de 2012

Solo cambia de lugar.


Conocía sus temores y sus aspiraciones. Sabía que cuando tenía miedo el labio inferior le temblaba y que con cogerle la mano se tranquilizaría. Habían compartido muchas cosas hace tiempo, incluso compartieron sus vidas en un momento. Parecía que ambos lo habían superado, cada día era un día normal, sin recuerdos dolorosos o satisfactorios, ya han pasado quince años. Pero cada vez que ella siente miedo él le agarra la mano para tranquilizarla, como hacía antaño, lo que hace que a ambos se les forme un molesto nudo en la garganta. Los recuerdos invaden sus cabezas, recuerdos de los que no se pueden librar, el saber que el otro conoce el 99% de tu ser. Este es un mero ejemplo de que los recuerdos nunca van a desaparecer, siempre van a estar ahí, al igual que el amor, que nunca desaparece, solo se cambia de lugar en el corazón.

domingo, 4 de noviembre de 2012

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—¿Amor? Mi mirada aún no ha transmitido eso. Aunque escriba bastante sobre ese tipo de sentimiento… ¿qué es el amor? Hablar de algo no significa conocerlo, y en este caso, aunque yo escriba bastantes relatos sobre dicho sentimiento, aún no sé qué es, para mí sigue siendo algo desconocido.
 —Amor solo es una palabra para definir unos sentimientos. Sentimientos que a veces son indescriptibles y que no puede ser añadida ninguna definición, todo lo que se puede hacer es demostrarlo con el afecto, y si un simple beso pudiese demostrarlo, daría mi último aliento por poder darlo. Siento que aún no lo haya experimentado, pero siempre debe estar preparada para el sufrimiento, sin eso, no hay amor.–El vaho salió lentamente de su boca.
—No existe la sombra sin la luz. ¿Darías tu último aliento?
—Si, lo más seguro. Yo no podría vivir sin amor.
—Creo que nadie sería capaz de vivir sin él.
—Hay gente que vive sin él, aunque se trate de un falso amor. ¿Cree que algún día podrá experimentarlo?
—Supongo, pero aún no he encontrado a la persona adecuada.

Ambos se miraron, el silencio se prolongó hasta tornarse incómodo.


—Espero que tenga suerte en encontrarla, aunque pensándolo… una mujer como usted no debería de necesitar tal suerte para encontrar el amor verdadero.
—¿Como yo? Creo que sí, que necesitaría una dosis de suerte.–Miró a su té, que comenzaba a enfriarse.
—Creo, si me lo permite decirlo, una dosis de confianza.
—¿Venden pastillas de confianza en alguna parte? Porque necesitaría un par.–Bromeó.
—Yo creo que simplemente aprendería a tener confianza con el tiempo, y con una pequeña dosis de paciencia. Si no, ya encontrará a alguien que le enseñe a tener confianza… o quizá esa persona ya la haya conocido y usted no lo sepa. Si algún día la ofende puedo yo enmendar algún error de esa misma manera.
—Pues me gustaría saber quién es esa persona. ¿Ofenderme? ¿Enmendar algún error de esa misma manera?
—La gracia esta en no saber quién podría ser esa persona. Las cosas sencillas acaban siendo aburridas. Enmendarlo pudiéndole ayudar a tener confianza en sí misma y a valorarse.
—Cierto, las cosas sencillas acaban siendo aburridas. ¿Y cómo lo harías?
—Teniendo confianza en ambos y, quizá, conociéndonos mucho más. ¿Qué hay mejor que poder conocer a una persona lo suficiente como para poder llegar a ayudarla cuando tenga problemas? Es la mejor forma, y aún mucho mejor si esa otra persona tuvo sus mismas o similares dificultades referente a  confiar en uno mismo. Pero bueno, eso ya entra en sus decisiones, tampoco hace falta que lo entienda, deje que el tiempo siga adelante.
—Lo entiendo –tomó un trago del templado té– y aunque lo desee, no soy capaz de parar el tiempo.